El mapa social de los piquetes: qué nivel de apoyo y rechazo tienen en la Argentina

Una encuesta de la UCA arrojó el nivel de participación y el grado de aceptación de los piquetes. (Adrián Escandar)
Una encuesta de la UCA arrojó el nivel de participación y el grado de aceptación de los piquetes. (Adrián Escandar) (Adrian Escandar/)

Desde hace años, las protestas y cortes de calle son parte del paisaje habitual el espacio público nacional, pero fundamentalmente de la Ciudad de Buenos Aires. En tiempos de crisis como el actual, cuando la pobreza supera el 35% y la desigualdad avanza, las protestas callejeras vuelven a consagrarse como un instrumento a disposición para expresar el descontento y hacer escuchar las demandas. Pero, ¿tienen el apoyo de la población?

Con esa pregunta guía, el Observatorio de la Deuda Social Argentina, a cargo de la Universidad Católica (UCA), relevó la opinión de la población de los principales centros urbanos del país. Como datos principales, el sondeo arroja que dos de cada tres personas consultadas (69,3%) están en desacuerdo con la metodología, y que la mayoría no participan de estas acciones colectivas (82,8%).

Otras conclusiones, en cambio, son más llamativas: la opinión positiva en torno a los piquetes se incrementa a la medida que el nivel de ingreso es más bajo, alcanzando un acuerdo del 40% entre los “trabajadores marginales”, es decir, el sector más empobrecido de la escala social.

“Según se agrava la condición de pobreza, aumenta la valoración positiva de los piquetes. El 43% de las personas indigentes y el 36,8% de las personas pobres consideran que son herramientas correctas para canalizar reclamos sociales. Este porcentaje desciende a 28% entre los no pobres”, señala el estudio de opinión, al que accedió Infobae en exclusiva.

El trabajo, coordinado por los investigadores Solange Rodríguez Espínola y Enzo Rave, consistió en una encuesta de 5.800 casos realizadas en ciudades de más de 80 mil habitantes, que incluyen a la Ciudad de Buenos Aires, partidos del conurbano y otras zonas como el Gran Rosario, Gran Córdoba, San Miguel de Tucumán, Gran Mendoza, Mar del Plata, Salta y Neuquén, entre otras.

El informe busca medir una serie de variables que influyen en la percepción y participación de las marchas y piquetes, como el grado de asistencia a este tipo de protestas, la opinión sobre los movimientos sociales y el derecho de huelga, y su vínculo con factores estructurales relativos a la desigualdad social.

Precarios o integrados

Según se desprende de la encuesta de la UCA, la realidad es más compleja de lo que parece. Pese a tener una inclinación mayormente favorable, las personas con menores recursos económicos son las que menos se movilizan. En una época donde organizaciones como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) o el Polo Obrero tienen una fuerte presencia en el espacio público, los sectores profesionales medios y los asalariados “integrados” son los que más asisten a las acciones colectivas.

“La población cree que los que suelen marchar son gente sin trabajo o que está en condición de precariedad laboral. Pero la mayoría que participa de las marchas suelen estar amparados por los gremios o algún tipo de trabajo formal, mientras que no se observa lo mismo entre los sectores de menores ingresos”, afirmó a Infobae Solange Rodríguez Espínola, doctora en Psicología, ex becaria del Conicet y una de las autoras del relevamiento.

Según el sondeo, la participación en piquetes y movilizaciones alcanza al 14% en el estrato “medio profesional” y desciende al 9,3% en el segmento “medio no profesional”, mientras que los grupos con mayor vulnerabilidad ocupacional se reparte entre el 4,7% entre los “obreros integrados” y el 3,0% en el “trabajador marginal”.

Por lo tanto, el manifestante habitué o que ha asiste ocasionalmente suele estar inserto en la economía registrada, con empleos formalizados o actividad profesional, antes que integrar los movimientos sociales que discuten las condiciones precarias de vida. El trabajador informal o “marginal”, cuyos ingresos dependen de “changas” y de trabajos sin protección social, registra niveles muy bajos de acción colectiva, según la UCA.

“Los trabajadores en una condición más precaria no cuentan con los parámetros de los gremios para efectuar reclamos sociales, no tienen el mismo grado de amparo", interpretó Solange Espínola.

Baja confianza a los movimientos sociales

En esa clave, un condimento adicional que podría influir en la asistencia a movilizaciones de las personas de menores ingresos y bajas credenciales educativas puede apuntar a la opinión con respecto a las organizaciones sociales. Según la clasificación de la UCA, las personas pobres, no pobres e indigentes tienen una percepción sobre este tipo de grupos que oscila entre el 22,8 y el 20,9 por ciento.

“La valoración positiva de los piquetes para canalizar reclamos y la confianza en las organizaciones sociales son dos mediciones distintas. Quizás en el estrato del ‘trabajador marginal’ no hay tanta confianza en quienes llevan a cabo o convocan los piquetes”, señaló Enzo Rave. Sin embargo, el investigador aclara: "El 21,4% no es un nivel de confianza tan bajo en comparación a otras variables, aunque sí puede cristalizar en una baja movilización de los trabajadores marginales”.

Jóvenes más proclives y el factor geográfico

En relación a la edad, el estudio concluye que hay una mayor opinión positiva en relación a los piquetes y al derecho de huelga en la franja de los "sub 34″. Las personas que dicen “estar de acuerdo” con las marchas como herramientas correctas alcanzan el 35,7% entre los menores de 34 años, mientras que llegan apenas al 20,2% en los mayores de 75 años.

“Hay una mirada más ideológica con respecto a la edad, vinculada a la defensa de derechos y a la cuestión generacional. Se viene observando que los jóvenes tienen una mayor participación en cuestiones gremiales y políticas, mientras que los mayores se vuelcan más a lo social y a las actividades religiosas. Era esperable que los más jóvenes tuvieran una opinión más positiva, porque ven a las marchas como una forma de expresión propia de la democracia”, señala la psicóloga e investigadora social.

En contraste, la variable de género no estaría afectando a la percepción social sobre la movilización ciudadana. “Las mujeres ostentan una leve condición de mayor participación en marchas, del 8,1% en relación al 6,6% de los varones. Es el único indicador que marca una diferencia”, señaló Espínola.

A nivel geográfico, los mayores niveles de participación en marchas o movilizaciones se dan en la Ciudad de Buenos Aires (21%) y en el Gran Rosario (11,5%). El nivel de participación más bajo se registra en el conurbano bonaerense (3%). En tanto, el nivel de acuerdo con esta metodología alcanza entre los porteños el 26% -el porcentaje de adhesión más bajo-, mientras que en otros centros urbanos oscila entre el 31% y 34% .

“En contextos de crisis, hay una mayor capacidad de expresarnos en marchas por estar en una situación de hartazgo. Se da una paradoja en casos como la Ciudad de Buenos Aires, ya que es donde más se participa en movilizaciones y hay menos personas de acuerdo con los piquetes para canalizar reclamos. A mayor convocatoria y marchas persistentes, es posible que haya más rechazo”, afirmó la investigadora de la UCA.

Según los autores del informe, la participación callejera tiende a caer cuando está vinculada a las actividades políticas y sindicales. Se trata de un punto de coincidencia entre teóricos destacados de la Ciencia Política y la Sociología, aunque es un debate que permanece abierto. Mientras tanto, la controversia por la colisión del “derecho a circular libremente" con el derecho a “peticionar a las autoridades”, permanece vigente en la sociedad y los partidos políticos mayoritarios.

“El derecho a la protesta tendría cierto consenso, aunque no en plenitud, por lo que no hablaría de un ‘apoyo’. La opinión está distribuida de manera desigual y fragmentada según las características económicas, laborales y generacionales de las personas", concluyó Espínola.

Ficha técnica de la encuesta

Aglomerados urbanos con 80.000 habitantes o más de la República Argentina.

Universo: Hogares particulares. Población de 18 años o más.

Tamaño de la muestra: Aproximadamente 5.800 casos por año.

Tipo de encuesta: Multipropósito longitudinal.

Asignación de casos: No proporcional post-calibrado.

Puntos de muestreo: 960 radios censales (Censo Nacional 2010) (EDSA – Agenda para la Equidad 2017-2025).

Dominio de la muestra: Aglomerados urbanos agrupados en 3 grandes áreas según tamaño de los mismos: 1) Gran Buenos Aires: Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Conurbano Bonaerense (30 partidos: Zona Norte, Zona Oeste y Zona Sur); 2) Otras Áreas Metropolitanas: Gran Rosario, Gran Córdoba, San Miguel de Tucumán y Tafi Viejo y Gran Mendoza; y 3) Resto Urbano: Mar del Plata, Gran Salta, Gran Paraná, Gran Resistencia, Gran San Juan, Neuquén-Plottier- Cipoletti, Zárate, La Rioja, Goya, San Rafael, Comodoro Rivadavia y Ushuaia- Río Grande.

Procedimiento de muestreo: Polietápico.

Fecha de realización Tercer trimestre de 2018.

Error muestral: +/- 1,3% con una estimación de una proporción poblacional del 50% y un nivel de confianza del 95%.

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Soluciones y oportunidades en el mercado laboral post Covid-19

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Por consiguiente, el perfil de los profesionales tampoco; ellos deben adaptarse para aprovechar las oportunidades que se presenten en este nuevo escenario mucho más digital y convergente. El Covid-19 sólo reforzó lo que ya se sabía: la tecnología y la cuarta revolución industrial ya están aquí y han redefinido el mundo del trabajo. Muchos sectores y organizaciones se vieron obligados a aplicar con urgencia sus procesos de digitalización para hacer frente al nuevo panorama y repensar el futuro del trabajoPor su parte, el sector de la educación es el que más rápido se está transformado a través de la virtualidad y tiene muchos desafíos por delante que determinarán que esta modalidad funcione para todos. Pero no es el único ámbito en ver los resultados de la transformación tecnológica, la salud podría verse favorecida con la aplicación del Big Data y IoT para detección, prevención, chequeo y tratamiento, así como de la atención médica remota para la comunicación entre profesionales y pacientes. Si se trata de evitar el contacto físico con los enfermos, los hospitales podrían beneficiarse de la robótica para la desinfección de zonas quirúrgicas, por ejemplo. De la misma manera, la impresión 3D podría ayudar a producir insumos a un menor costo.Por otro lado, la movilidad y la logística también se vieron afectadas por el coronavirus. Probablemente, esto signifique orientar la transformación digital hacia la automatización de muchos sistemas mediante drones y vehículos de guiado automático.Otro rubro es el energético, con demandas de los hogares entre un 25 a 35% que se reflejan en las facturas. Se requerirá la instalación de soluciones en aislamiento térmico, electrodomésticos de bajo consumo y soluciones inteligentes de ahorro de energía con programas de identificación de consumo, entre otros. La tecnología complementará la gestión humana y la toma de decisiones frente a problemáticas como virus, plagas, control del movimiento de las personas, mantenimiento de los espacios públicos, asistencia a grupos de riesgo, detección de zonas con mucha densidad, entre otrasTambién podemos hacer referencia a la tecnología al servicio de la higiene. Algunas de las medidas y recomendaciones sanitarias que se han impuesto seguirán durante un tiempo. 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