La ayuda a los malvinenses, un gesto para celebrar

 Reuters 162
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La iniciativa del gobierno argentino de ofrecer ayuda humanitaria a los malvinenses de cara a esta pandemia de coronavirus me parece acertada. Son comprovincianos nuestros, viven en nuestra Argentina y merecen todo el apoyo del estado nacional y provincial. Celebro el gesto de ofrecerles alimentos frescos, medicamentos, tests para la detección del virus y vuelos sanitarios con el continente. Ellos son fueguinos y deben ser tratados como cualquier ciudadano argentino, tienen el mismo derecho que nosotros a acceder a nuestro sistema de salud.

Celebro esta iniciativa del canciller Felipe Solá y del secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Daniel Filmus, porque la solidaridad tiene que estar por encima de cualquier diferencia para enfrentar de forma satisfactoria a esta crisis sanitaria que está poniendo en jaque al mundo.

Ojalá que este gesto se materialice en hechos concretos en caso de que esta enfermedad contagiosa llegue a las islas y la ayuda tome el carácter de urgente y se vuelva necesaria.

Creo que este es un avance, un cambio en la postura de un gobierno que no tiene complejos en tratar a los malvinenses como lo que son: fueguinos y argentinos. Este cambio de mentalidad diplomática debe profundizarse tendiendo lazos de cooperación con los habitantes de las islas que vayan más allá de esta actitud solidaria de cara a la crisis. Tenemos que estar cerca de ellos en las buenas y en las malas. Simplemente porque ellos también son nosotros.

Esta pandemia nos devolverá a un mundo distinto. En muchos aspectos habrá que empezar de nuevo. Se hará sentir tremendamente tanto en la salud como en la economía y sus derivaciones serán muy difíciles de prever. De lo que sí estoy seguro es que esto nos marcará para siempre. ¿Cambiaremos cuando todo se normalice o lo normal habrá cambiado? Es de esperar que en lo individual hayamos aprendido a ser más solidarios y que esto se proyecte hacia lo colectivo. En un mundo global la cooperación y la solidaridad para salir del pozo también tendrán que ser globales. Por eso, puestos a imaginar, podríamos pensar que ciertas políticas internacionales que atrasan deberían, justamente, quedar definitivamente atrás. El colonialismo, en el mundo que viene, no debería tener sentido.

No hay que subestimar a este enemigo invisible que está entre nosotros, ha venido por todo y no sabe de banderas.

Para algunos gobernantes viene siendo muy difícil elegir entre salud y economía. Es lógico intentar que la afectación sea la mínima en ambos campos; pero debe entenderse que sin personas sanas no hay economía y que esta última debe estar al servicio del hombre.

Todo este cataclismo económico social va a repercutir necesariamente sobre la política internacional y la forma de relacionarse entre los países. La solidaridad, el entendimiento y la cooperación tienen que ser el camino. Es de esperar que este ofrecimiento que ha hecho el gobierno argentino sea el puntapié inicial para empezar a transitar por una nueva era de mayor apertura, vocación de diálogo y disposición a la colaboración mutua en aquellas cuestiones delicadas ligadas al futuro mediato de las Malvinas y su gente.

Los malvinenses son argentinos y merecen tener los mismos derechos que cualquier compatriota con o sin coronavirus. Es un lugar común decir que toda crisis es también una oportunidad y nuestro gobierno parece haber entendido bien el sentido del cambio. La oportunidad no debe confundirse con oportunismo: el coronavirus, además de ser la llave de la caja de Pandora, podría dejar abierto el camino hacia una nueva forma de encarar las negociaciones por la soberanía de las islas cuando todo pase. Una negociación que deberá ser paciente, decidida y solidaria. Considerar a los malvinenses como parte de lo nuestro y no como a extraños es, sin dudas, un buen principio.

El autor es senador nacional (UCR)

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